Ai Castella castellana!

Diciembre 22 09:43 2015 Print This Article
Vera-Cruz Miranda

Vera-Cruz Miranda

“Ai Castella castellana, no t’hagués conegut mai!”. Estos versos de Victor Balaguer, escritos a finales del siglo XIX, resumen parte de la ideología nacionalista catalana de sus comienzos. Actualmente esta tesis sigue vigente, a pesar de que surgió hace casi dos siglos. La cuestión principal es que el reino de Castilla, y por tanto los castellanos, son el enemigo al que acusar de todas las supuestas desgracias que decían sufrir como pueblo. Con el tiempo han cambiado el término Castilla por España, incurriendo en el error de considerar equiparables los dos sujetos.

 
Los nacionalismos necesitan un enemigo exterior, en este caso Castilla, a quien culpar de su falta de libertad como nación y su imaginaria sumisión. En este reparto de papeles entre buenos y malos resulta imprescindible una actuación cargada de victimismo contra ese enemigo al que consideran ante todo perverso y maltratador; de esta manera se consigue cohesionar su proyecto al manifestar un odio hacia un chivo expiatorio común.

 
En los primeros tiempos del nacionalismo catalán, y como consecuencia también de la influencia de la corriente romántica del momento, los historiadores preferían viajar a la Edad Media y reflejarse en ese tiempo idílico y perfecto. Por este motivo, optaron por perder la libertad catalana en la época medieval, ya que sin duda se ajustaba más a las corrientes literarias e ideológicas de la época. Estos autores se remontan al año 1412, cuando después de complicadas negociaciones con motivo de la muerte sin descendencia del último monarca de la Casa de Barcelona, Martín el Humano, se elige como rey de Aragón a Fernando de Trastámara, un castellano, en el Compromiso de Caspe. Muchos han querido ver en la entrada de una dinastía extranjera la causa de la decadencia catalana del final de la Edad Media y la imposición del castellano, cuando las razones fueron más estructurales, más profundas y llevaban tiempo cosechándose.

 
Recientemente han preferido adaptar el relato a tiempos más cercanos y poner como fecha de la gran pérdida el famoso año 1714, pues acusar a los primeros Trastámaras de nuestras desgracias parece más bien poco creíble. Según sus tesis, a partir de esta fecha Cataluña se convirtió en colonia de Castilla perdiendo con ello sus derechos y libertades, además de la lengua catalana por la imposición del castellano. Por ello afirman que llevamos trescientos años sometidos a las leyes y a la lengua castellana, a los que, ya puestos, creo que deberíamos añadir los trescientos años anteriores, desde la llegada de los Trastámaras, siguiendo el relato de las primeras reivindicaciones nacionalistas.

 
La pérdida de libertades, derechos y leyes y el maltrato a la lengua catalana se va repitiendo a lo largo del tiempo; sin embargo, ¿cómo se puede volver a perder lo que ya se perdió sin haberlo recuperado previamente? Aquí está el problema, eso es imposible, pero para que sea posible se necesita ir reescribiendo la historia según conviene y adaptarla a los tiempos, pero siempre respetando los personajes: la víctima (Cataluña) y el verdugo (Castilla).
El argumento del menosprecio de los castellanos/españoles a los catalanes es constantemente repetido y aceptado por una gran parte de la sociedad. Por tanto, desde su perspectiva llevamos muchos siglos de sometimiento; sin embargo, Cataluña mantiene sus instituciones tradicionales, sus propias leyes, sus propios medios de comunicación, su propia política lingüística en la que han conseguido que el catalán sea la lengua vehicular en la enseñanza, en las instituciones públicas y en los medios, entre otros muchos privilegios. ¿Realmente esto es vivir sometidos? Evidentemente, ¡no lo es!

 
Desgraciadamente los nacionalistas necesitan falsear nuestra historia para argumentar sus tesis, quieren hacernos creer que sus quimeras tienen una causa totalmente justificada, que su lucha responde a un ataque recibido previamente, que su lenguaje hostil es en defensa propia y que necesitamos romper con nuestros parientes para recuperar una libertad que verdaderamente nunca perdimos. En definitiva, necesitan un enemigo para poder ser nacionalistas. ¡No les dejemos!

 

Vera-Cruz Miranda
doctora en Historia

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